LA CONOCÍ EN ESTAMBUL
La conocí en Estambul
el sol bañaba la tarde, girasoles y alminares
mantilla de seda le cubría el pelo de estrellas
el rostro de violeta radiante
vestido de auroras.
El eco de su voz me estremeció como un niño,
reposé en la arena.
¿Dónde estabas cielo mío? No anticipé la quimera.
La conocí en Estambul
brisa ligera me trajo fragancia de rosas, ámbar y almizcle,
peces jugando en las mareas,
yo, occidental, impío,
ella, Maktub,
diosa de Medio Oriente bordada en alhelíes.
La conocí en Estambul,
la miré y vi sus ojos entornados,
quise abrazarla como un loco abraza primaveras,
el misterio de su mirada, corazón,
el camino de existencias primordiales,
mis brazos jamás te alcanzarán,
lo sabía.
La conocí en Estambul,
soñé era un recuerdo,
huella de pasos mi desvarío
rubíes del llanto, sueños y alegrías.
¿Debo callar a las puertas del Edén?
La quería sin saberlo
¿por qué me hechizó un gesto suyo?
¡Oh no,
no, no,
no, no!
La conocí en Estambul,
el dolor bañaba la tarde, girasoles y alminares
mantilla de seda le cubría el pelo de estrellas…
un adiós.
(Del pemario «Miel En La Boca Y Brasas En El Vientre»)
POEMA ALFA
Tanto lloré y recé por tu love, que hasta murieron los cirios,
Los gladiolos marchitaron,
la ventana trajo un viento gélido del Sur,
El alba abrazó a la noche, al día,
Cuando me clavaste un puñal oxidado y artero en la nuca
y te fuiste con Iván, que se decía mi mejor amigo
y no tenía ni primero medio.
Tanto lloré y recé por tu love que hasta murieron los cirios,
tus besos fueron un IVA imposible de pagar.
Aunque igual vendí a escondidas, sin boleta ni factura,
Huyendo a tientas de los carceleros de S.I.I.
Por tu culpa y grandísima delantera y trasero
me cortaron internet, Chantastar y el crédito automotriz.
Maldita pasión,
Salió más cara que dieta parlamentaria,
digraciá.
Cómo olvidaste la ropa que te compré en Meiggs,
las tarjetas que por tus lujos me pitié,
los bancos siguiéndome day and night para hacerme el run run,
Tanto lloré y recé por tu love, que hasta murieron los cirios,
Los fósforos, el encendedor, la botella de Pisco Capel que me regaló mi amá,
Aún sin saber si era chileno o lo trajeron de Chimbote.
Tuve a Astarté de la mano y la perdí por tu maldito amor,
También señora colombiana o venezolana y no el tuyo que veníai de Carrasquel.
Me hice vegano por tu fulero amol
para no mirar el buen filete que pasaba a mi lado.
Nunca entendiste la nobleza de mi sincero corazón y Juanito juguetón,
Claro, el otro tenía labia y quizás qué otras cosas más.
¡Vete de mi lado, vete ya, basta, la culpa fue mía!
Y no del Iván.
Me voy con la vecina
que no es peor es na’.
(De la novela «Clínica Dadá»)